domingo, 19 de abril de 2015

EVOLUCIÓN DE LA TASA DE PARO EN ESPAÑA DESDE 2001 A 2014 SEGÚN LA EPA: EXPLICACIÓN, TENDENCIAS HABITUALES Y POSIBILIDAD DE RECUPERACIÓN.

Trimestralmente, el Instituto Nacional de Estadística ofrece los datos de paro confeccionados mediante la Encuesta de Población Activa (EPA), que se elabora realizando encuestas trimestrales a unas 65.000 familias, lo cual equivale aproximadamente a 180.000 personas, mediante entrevistas personales y telefónicas. La tasa de paro se obtiene de dividir a las personas desempleadas entre la población activa, y se expresa en porcentaje. Este método es considerado más fiable que contabilizar la cantidad de desempleados inscritos en las oficinas de empleo, pues pueden ser muchos los que opten por no inscribirse por diferentes motivos. Se entiende por población activa aquella que estando en edad de trabajar, trabajan en un empleo remunerado (ocupados), se encuentran buscando un trabajo de forma activa o están esperando volver a trabajar (desempleados). 





La tasa de paro en España se ha mantenido muy elevada en los últimos 14 años, demostrando con ello que el desempleo en nuestro país es un problema estructural y no coyuntural. Incluso en momentos de bonanza económica se registraban tasas de desempleo elevadas. El mínimo registrado entre 2001 y 2014 fue de 7,93% en el segundo trimestre de 2007. Esta cifra, a pesar de ser la menor registrada, en un momento en que la economía se encontraba en su momento de pleno apogeo previo a la crisis económica, resulta excesivamente cuantiosa. En aquellos momentos, en EEUU o Japón se encontraba por debajo del 5%, lo que se considera como pleno empleo. En países de nuestro entorno inmediato, la media de la UE se encontraba por debajo del 7%, y en países como Francia se registró alrededor de un 6%.



Con la llegada de la crisis económica en 2008, en España se disparó el desempleo y puso de manifiesto su carácter estructural, pues en los países del entorno que también se encontraban en crisis, el paro no supuso un problema excesivamente grave. El modelo productivo español ha sido hasta la fecha impulsado por sectores con reducido valor añadido, hasta la llegada de la crisis casi exclusivamente por la construcción y sus empresas auxiliares y por el turismo, que llegaron a suponer entre todas ellas en el año 2008 un poco más del 50% del PIB. Tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria aumentó el desempleo paulatina y verticalmente hasta alcanzar el 26,94% de tasa de paro en el primer trimestre de 2013, encontrándose en torno a un tercio de los empleos perdidos relacionados con el sector de la construcción. Como si de una bola de nieve se tratase, el incremento del desempleo redujo el consumo, y con ello hizo aumentar el desempleo en otros sectores. Las consecuencias de un elevado desempleo resultan fatales para cualquier país. La consecuencia principal suele ser una disminución de la natalidad, y España no ha resultado una excepción. La tasa de fecundidad en nuestro país no ha parado de descender desde 2008.


El mencionado pico del 26,94% sigue una tendencia estacional habitual en España, pues en el primer trimestre de cada año se produce casi siempre un aumento de desempleo, como así se puede observar en casi todos los años de la gráfica adjunta, que se encuentra motivado por el fin de la campaña navideña y posteriormente del periodo de rebajas. Esto queda patente al comprobar que el sector que más ocupados pierde durante ese trimestre es el sector servicios. El paro ha descendido desde ese 26,94% hasta el presente, con la única excepción del primer trimestre de 2014. Por el contrario, la tasa de paro más reducida suele darse en el tercer trimestre, motivado por el crecimiento del empleo que ocurre durante los meses de verano, que de nuevo es mayor en el sector terciario, en concreto en relación directa con el sector turístico. El trabajo generado en el tercer trimestre suele ser temporal y de poca calidad. Al terminar la campaña veraniega, el paro asciende casi siempre en el trimestre siguiente, con la única excepción en la serie analizada de los años 2004 y 2010.



A la vista de la gráfica se puede suponer que la tendencia se haya invertido desde aquel fatídico primer trimestre de 2013, pues con la excepción del primer trimestre de 2014, que sigue la tendencia de aumentar el paro en dicho periodo, el desempleo ha descendido desde entonces. Este descenso viene a coincidir con datos positivos respecto de la economía española, como ha sido la mejora del sector manufacturero, la recuperación del sector inmobiliario, mejora en la confianza del consumidor, aumento de la productividad y de la confianza empresarial (Informe de la situación de la economía europea elaborado por CESifo y EEAG). Según prestigiosos economistas y diversos organismos como el BCE, OCDE, si la economía continúa mejorando, se verá rebajado el desempleo. En el caso de España, el paro elevado ha coincidido con un PIB reducido, como así ha ocurrido durante la crisis. No ha sido hasta el año 2014, en que el PIB ha crecido un 1,4% que el desempleo se ha visto reducido. Si como predicen expertos de diferentes instituciones públicas y privadas el PIB ascenderá más de un 2% durante 2015, pudiera ser que la sangría del paro en España llegara a su fin.




 Es cierto que se está creando un empleo mayormente precario y a tiempo parcial, pero por algo se debe comenzar. El paro de larga duración, más del 60% del paro computado en la Encuesta de Población Activa (EPA) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), se compone de parados cuya búsqueda de empleo se prolonga en el tiempo con una duración superior al año. Y más de dos millones de personas acumulan no más de uno, sino más de dos años tratando de encontrar un empleo. Estamos hablando de cifras relativas a finales del ejercicio 2014 y principios del año 2015 y un problema ante el que, por supuesto, los minijobs tampoco son la solución. ¿Motivos pues para la satisfacción?




El análisis de las características contractuales de los trabajadores afiliados a la Seguridad Social constituye una herramienta muy precisa para valorar “apriorísticamente” la calidad del empleo observada en un determinado mercado laboral. Los datos de diciembre de 2014 nos indican que solamente el 49,6% del total de los trabajadores inscritos en el Régimen General de la Seguridad Social posee un contrato indefinido y a jornada completa, correspondiendo el porcentaje restante a contratos con jornada parcial o a contratos de carácter temporal y/o de formación y prácticas.



Llama poderosamente la atención la reducida cuota de contratos indefinidos y a jornada completa que se observa en los tramos de edad vinculados a los trabajadores menores de 30 años. Solamente el 11,2% de los empleados de entre 16 y 19 años posee un contrato de dichas características, un porcentaje casi idéntico al que se observa en los jóvenes de entre 20 y 24 años (13,8%) y algo inferior al 33,8% que se vincula al tramo de edad situado entre los 25 y los 29 años. Muy distinta sería la velocidad de crecimiento de la economía española, si la actual modalidad contractual de los trabajadores menores de 40 años, los más productivos y con mejor preparación de todos, no estuviese marcada por la precariedad; solo uno de cada cinco de estos trabajadores posee un empleo caracterizado por la seguridad y la estabilidad profesional. Y estos empleos son con retribuciones próximas al Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Pero eso es entre los jóvenes que trabajan porque en muchas regiones es prácticamente imposible encontrar un empleo. A los que quieren trabajar les espera una tasa de paro superior al 50%.  La alternativa consiste en emigrar o en prolongar la formación a la espera de la oportunidad soñada. Es decir, en huir del presente, con la esperanza de que el futuro sea sustancialmente mejor. Pero, ¿lo será?


Análisis obtenido de 
Jesús García  y del Blog de Economía El captor

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